LA VIDA DE JAIME MOLINA MAESTRE AGOSTO 15 DE 1978

Jaime Molina (9na)Jaime Molina, en las postrimerías de su vida, lo fuimos a visitar a la Clínica del Cesar, el Maestro Rafael Escalona y Andrés Becerra, nos acercamos a su cama y lo llamamos, estaba con los ojos cerrados pero consciente, nos agarró las manos y con lagrimas en sus ojos nos dijo: Me despido de ustedes, ya los atardeceres de Valledupar se están acabando para mi, mas tarde murió .

Así se expresó Andrés Becerra el día 15 de Agosto de 1979, al cumplir este entrañable amigo el primer aniversario de su muerte.

Cada día que va pasando notamos más y más la fugaz desaparición de Jaime Molina, no podría ser de otra manera, toda vez que sus amigos lo recordamos permanentemente; porque en él pudimos ver la valía de un personaje artístico de mi pueblo, ya que Jaime Molina recompensaba con su originalidad el afecto de sus coterráneos.

Nada ni nadie podía desbaratar la obra de tan dilecto personaje por cuanto los dotes de inteligencia, capacidad creativa y personalidad de Molina eran innatas, producto de un medio en el cual un hombre de esta clase no se da con frecuencia.

Quienes conocimos al amigo desaparecido, compartiendo con él su imaginativa creación, no podríamos menos que decir que su muerte truncó la entereza de un pueblo que crece y se agiganta y que necesariamente en Jaime Molina tenía el crítico acervo, como quiera que sus caricaturas exponía su inspiración profunda definiendo hechos recientes o pasados con la más audaz pluma. Pintor por vocación, sin conocer ciudades ni vivir la bohemia civilizada, Jaime Molina, siempre fue del montón, no pudiese explicarse uno cómo este genio ocupó tanta preferencia en el campo de la inteligencia, llegando a la conclusión de que fue un caso único en un hombre cuyas virtudes son iguales a las de él mismo, porque ninguno podría imitarlo y porque sólo la herencia de uno de sus progenitores tal vez podría llegar a la meta de su genio, si es que la herencia es posible en ese caso tan sui generis.

Conocí a Jaime Molina en plena vena de sus facultades mentales y con él hice causa común en el argot de la vida vallenata.

Cuento, folclor, rancheras mexicanas, música vernácula de Rafael Escalona con acordeón, caja y guachara nos condujeron muchas veces a mirar el alba de amaneceres provincianos que no volverán y noches de lunas Patillalera o Sandiegana que se pierden en el espacio de los recuerdos pero que perdurarán siempre en la semblanza de quienes gozamos la bohemia del pintor acrisolado en este mundo de los vivos para más tarde encontrarnos con él en el mundo de los muertos.

Para finalizar sólo quiero para él, para el amigo entrañable que se fue, la paz del Señor, esperando que cuando vuelvan a sonar las trompetas de Jericó coloquen a sus plantas los recuerdos cariñosos de los amigos que compartimos con él momentos tan agradables .

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