LUIS JOSE PIMIENTA ARREGOCES

Lucho Pimienta (10ma)Este picaresco personaje, nacido en Valledupar, nutrió con la vena de su inteligencia las parrandas vallenatas, donde además de flautista que acompañaba a Alfonso Cotes con su guitarra, animaba las reuniones con el ingenio creativo y la chispa del cuento Provinciano. 

Se radicó en la población de Manaure (Cesar), donde se dedicó por muchos años a cultivarcafé.

 Es famosa la anécdota con la señora María Fernández quién le prestó una plata y pasando el tiempo ella veía que Lucho no le pagaba ni el dinero ni mucho menos los intereses, los fines de semana cuando esté llegaba cargado de café, inmediatamente le mandaba a cobrar y su señora Rosa Cotes Ovalle, decía que ya había salido, que no se encontraba en la casa. María Fernández la prestamista del dinero, decidió ir ella personalmente un sábado que lo vió llegar, Lucho no tuvo tiempo de esconderse, se metió detrás de una puerta pero con tan mala suerte que le quedaron las puntas de los zapatos por fuera; ella se dio cuenta y lo sorprendió diciéndole, bueno por fin lo encontré y Lucho con su ingenio le dijo ya que adivinaste donde estaba escondido porque ahora no adivinas cuándo es que te voy a pagar?  

A la vieja Provincia de Valledupar llegaron en el siglo pasado varias personas de otras partes del país, casándose con mujeres distinguidas de esta localidad y conformando sus familias en el seno de la sociedad Vallenata.  

Entre estos personajes, podemos mencionar a Roberto Isaza, quién se casó con Isabel Segunda Lafourie en Villa Nueva (Guajira). 

El señor Bernardo Monroy, desposado en Codazzi con María Francisca Ovalle y el señor Rafael Montero, quién contrajo nupcias con Margarita Castro Tres Palacios, mujer de aquilatada reputación y nobleza.

Don Rafael, recién llegado a Valledupar, entabló una entrañable amistad con Aquilino Castro, Lucho Pimienta, Gabriel Arragocés (Garrego), José Pumarejo, Evaristo Gutiérrez y otros más con quienes compartía parrandas todos los fines de semana y días de fiesta. 

Cuando el señor Montero arregló compromiso matrimonial, cambió por completo con sus viejas amistades con los cuales tomaba trago en un vasito de aluminio, cuando solía hacerlo se aparecía con una copita de electro plata muy fina de las que tenía La niña Anita Tres Palacios o sea su suegra. 

Los amigos notaron el cambio del Señor Montero con ellos, se consideraba superior pues ya se sentía en otro estatus de más alcurnia social. Un buen día en una parranda, Lucho Pimienta y sus compañeros inconformes por su aptitud, le dijeron: pero bueno y este aparecío que se estará pensando; vamos a preguntar quién es él en su tierra. Se dirigieron al alcalde de Honda (Tolima), a través de un telegrama: Sírvase informarnos quien es Rafael Montero, casado con una de las damas más distinguidas de Valledupar.  

El alcalde de inmediato dio respuesta diciendo: “El no se llama Rafael Montero su nombre verdadero es Rafael Navarro. Hijo de padre desconocido”. Don Juvenal Palmera, hombre distinguido de Valledupar, patriarca respetado por todo el mundo, fue alcalde municipal y perteneció a la clase política de la vieja Provincia. En alguna ocasión, cuando ser Representante, Senador de la República o Gobernador eran posiciones de mucha resonancia, Don Juvenal, consiguió que su hijo Ovidio Palmera fuera candidato a la Asamblea del Magdalena; le exigió a todos sus amigos lo acompañaran en la campaña y fue así que escogió a Lucho Pimienta, Chemita Carrillo y Gabriel Arregocés (Garrego), para que se trasladaran a la población de Atanquez y en compañía de Rafael García, jefe político de esa comunidad consiguieran los votos de los Atanqueros. Al llegar a la población, se emparrandaron con García de tal manera que a las tres de la tarde cuando estaba por finalizar el debate electoral, Garrego que era un hombre muy serio, estaba acostado en una hamaca y de pronto pegó un brinco, les dijo a los compañeros, oigan estamos quedando muy mal con Don Juvenal, ya se va a cerrar la elección y ni siquiera nosotros hemos votado; dijo Chemita Carrillo, no importa, yo soy el secretario de la oficina electoral y más tarde votamos, le metemos al Dr. Palmera los votos de nosotros y cien votos más para que salga bien elegido. 

Siguieron parrandeando, Garrego, se quedó dormido por un momento de pronto despertó y dijo me dio una pesadilla de la pena que tengo con Don Juvenal. Estaba soñando que al llegar a Valledupar nos habíamos estrellados en el carro del Dr. Pupo contra la casa de Josefina Castro, aquí salió el ingenio de Lucho borracho que le dijo” Y eso que lo que nos han dado en la casa de Rafael García de almuerzo ha sido yuca con queso, si nos hubieran dado sancocho o guiso, los muertos hubieran sido unos pocos.  

EL Dr. Luis Carlos Pimienta, padre de Lucho, era docto en leyes, pero no fue graduado en Derecho, era tinterillo, se distinguió por ser un hombre muy organizado, amante del aseo, no permitía que en la casa donde él vivía hubiera alimaña ni insectos de ninguna clase, el día que estaba tendido en la caja mortuoria todo se encontraba en calma de pronto salió un ratón y pasó de un lado para el otro, Lucho miró las acrobacias que estaba haciendo el animal y dijo “Ya ese como que supo que papá se murió, ya viene a ponerse esto de ruana“ Lucho Pimienta, en una ocasión en Codazzi, lo atacó un fuerte dolor de muelas a media noche, el odontólogo de esa época era el Dr. Padró, se presentó para que le sacara la muela que lo estaba atormentando y ni siquiera le pagó el servicio odontológico, a los diez días de haberle sacado la muela, se tropezó con él en el mercado y muerto de la pena, le preguntó que si ya se podía bañar “y este le contestó puerco e mierda y todavía no te has bañado” En otra ocasión, como a Lucho se le olvidaba que debía, estaba demorándole una plata que le había prestado una señora en el barrio El Cañahuate, ésta cada quince días le mandaba a cobrar y él siempre se escondía, una buena mañana lo vió parado en la puerta de su casa y tenía puesto una bata, se encontraba con las manos dentro del bolsillo de la bata, la señora que era comadre de él, mandó una muchacha que le dijo, “señor Lucho, dice su comadre que le da mucha pena pero que está necesitando la platica que le prestó.”, Ni corto, ni perezoso inmediatamente le dijo, vea dígale a mi comadre, que si el negocio que tengo entre manos me llega a funcionar, a la primera que le voy a tapar el hueco es a ella.  

El señor Luis Carlos Pimienta, era un hombre que le gustaba el orden, el aseo, la buena presentación personal, un buen día contrató un obrero para realizar unos trabajos menores en la casa, este se presentó con una barba de varios días y al viejo no le gustó el desaseo del individuo, estando en esas, se presentó Lucho Pimienta y su papá le dio plata para que fuera a comprar una cuchilla de afeitar, Lucho se echó el dinero al bolsillo y en un descuido cogió la máquina de afeitar del viejo y se la dio al obrero para que se rasurara. De pronto el señor Luis Carlos, se dio cuenta de lo que estaba aconteciendo y cogió una soberbia que juró no volverse a afeitar más y a eso se debe que este Patriarca viviera toda la vida con una espesa y copiosa barba hasta el día de su muerte. La secretaria del Sr. Luis Carlos Pimienta le tenía miedo a Lucho porque el ermanentemente le sacaba plata, la mantenía sobornada y un buen día se negó a entregarle lo que le solicitaba, Lucho que era hábil, le dijo tú lo que no sabei es que yo le hice un hueco a la pared de la oficina y he visto todo lo que tu hacei con papá cuando te encerrai con él; Si no me dai lo que te pido riego que tu te acostai con papá. A la pobre muchacha no lo tocó otro remedio que entregarle al avivato de Lucho lo que él quería.  

Lucho, era un dolor de cabeza para el Sr. Luis Carlos, en una ocasión se le presentó y le dijo: Papá, tengo una necesidad urgente, necesito que me preste cinco pesos, yo se los pago mañana, el viejo le contestó bueno Lucho como no y se los prestó.  

Como Lucho se enredaba en sus espuelas, al día siguiente fué y le pagó bien temprano, le dijo muchas gracias papá, le agradezco mucho. Pasados tres días, se le presentó de nuevo, y le pidió prestados diez pesos, los cuales los devolvió con una prontitud que al viejo lo tenía desconcertado, cuando creyó que ya estaba dentro de su bolsillo, le mandó un zarpazo. Ombe, yo tengo es una necesidad muy grande, estoy haciendo un crédito en Caja Agraria y necesito que me sirva de fiador por cien mil pesos, el señor Luis Carlos se quedó viéndolo de arriba abajo y le dijo: “Yo sabía que ese huevo quería sal“ pero creo Lucho, que tu honradez no llegue más allá de los diez pesos, dejemos las cosas así que no te puedo servir de fiador. 

Lucho era un hombre aspirante y supremamente trabajador, quería progresar cada día más, por esta razón decidió irse para Medellín, donde aspiraba radicarse, como era conocedor de la ganadería lo primero que se le ocurrió fue comprar unos terneros para negociarlos con ganaderos de Valledupar. En el interior del País cuando las vacas paren macho, el mismo día de nacidos los terneros los negocian con las fábricas de salchichas y embutidos en general porque la crianza artificial de estos animales es costosa, Lucho, los compró creyendo que había hecho un gran negocio pero no les dió las condiciones ideales para su formación y desarrollo, empezando porque no les suministró ni siquiera el calostro, los animales crecieron débiles, raquíticos, a causa de las enfermedades que les tocó enfrentar, como tal tampoco tenían habilidades para la monta y salieron infértiles, fracasó en el negocio diciendo, que vaina los Antioqueños me vendieron unos toros maricas, este fue el primer tumbe que sufrió en el País paisa. 

En el transcurso de los días, se enamoró de unos muebles rústicos que elaboran en Medellín pero éstos los fabrican en varias categorías de maderas, lo cual Lucho desconocía, a todos los paisanos que le consultaba le decían estos muebles son buenos, bonitos, durables, es buen negocio comprarlos, fue a la fábrica, los compró y se los vendieron de los más finos y caros, se los trajo para negociarlos en Valledupar y después de ofrecerlos por todas partes no vendió ni uno solo, cogió con ellos para La Jagua de Ibirico y por fin después de tanto sudar, pudo vender un juego para hacer el pasaje para volverse a Medellín, llegó a Valledupar con rabia y los repartió entre todos los familiares y dijo, carajoo me volvieron a tumbar los antioqueños.

Continuó Lucho con ganas de trabajar, se le dió entonces por arrendar una finca campesina, empezó entonces a recoger semillas de toda clase para multiplicar y traer para vender en Valledupar, arrendó una finca por el lado de los Corazones y sembró las semillas, pero como no estaban en su ambiente y muchas de ellas eran híbridas volvió a fracasar el hombre.  

A Lucho, estos fracasos no lo desmotivaban y cuando llegaba a Medellín le daban ganas de seguir camelleando, entonces arrendó una casa, con opción de comprarla, firmó un documento de compra venta, entregó las arras y se ajustó a las cláusulas penales que le pusieron en caso que desistiera del negocio. Empezó a vender pollos, le estaba yendo bien pero decidió comprar pollitos baratos de tercera categoría de esos que comercializan por las calles, los rendimientos eran malos, las mortalidades eran altas, invirtió plata varias veces, las pérdidas continuaban, ahí si se acojonó y dijo pero bueno yo que soy un hombre tan avispao será que los paisas me van a volver a engañar. Como no le veía salida al negocio, lo fue a deshacer, no le aceptaron su propuesta y le tocó perder el dinero que había depositado por la compra de la casa.

Viéndose tumbado por cuarta vez, decidió recoger todo y regresar de nuevo a Valledupar, al llegar a la ciudad, decidió buscar a su amigo Andrés Becerra, para tomarse unos tragos, este le dijo, ombe, Lucho, deja esa furuzca, más bien contame que fue lo que te pasó en Medellín, una persona tan viva como tu, no puede regresar azotando el burro con el sombrero, por eso fue que me vine dijo Lucho, esos Antioqueños son unos ladrones, a toda hora quieren sacar ventajas sobre los demás, Andrés que no tiene pelos en la lengua le dijo: Fuite por lana y salite trasquilao, el que la hace, aquí la paga y a ti los antioqueños te dieron la medicina que tu le has dado de beber a los demás. Ya no te acuerdas cuando vendías leche en la puerta de tu casa y le preguntabas al ordeñador que sí le había agregado a la leche la vitamina A de agua, ya se te olvidó el tropel que formaron los que te compraban la leche el día que encontraron pescaditos en el cántaro de la leche y tu lo que decías era que así alimentaba más, el refrán popular no se equivoca, con la vara que tu mides serás medido. 

Durante la década del setenta, cuando el apogeo del algodón en el Departamento del Cesar, Lucho Pimienta y Alfonso Cotes Queruz, conformaron una sociedad para sembrar algodón.

Hicieron un crédito a la Caja Agraria y en la cosecha fracasaron, les fue peor que a los perros en misa. Lucho recibió una comunicación de la entidad prestamista y fue a averiguar lo que pasaba; el gerente le informó que en nueve días se le vencía el crédito y lo podían embargar, a Lucho esto le calló pesado y dijo: nueve días, los que necesita un muerto para que le levanten la tumba. 

Lucho Pimienta, en una ocasión, cuando vivía en Manaure (Cesar), tenía ganas de comer chivo, se acercó donde Miguel Enrique Villazón y le dijo: Compadre me han dicho que usted tiene unos chivos de mucha raza y yo necesito que me regale uno para padrote de unas chivitas que tengo y así poder aumentar la cría. Miguel Enrique creyendo que era verdad, le dijo, compadre le voy a mejorar la raza de esos animales, llévese ese padrote que es fino, traído de Barrancas de donde Chente Berardinelli. Lucho cogió el animal y se lo llevó para Manaure y allí lo mató y se lo comió, a los pocos días, Miguel Enrique subió a Manaure y estuvo en la casa de Lucho y cuando entró, vio el cuero del animal tendido en una cerca del patio y no le gustó la cosa, le dijo ombe compadre se comió ese animal tan fino; yo le hubiera regalado mejor dos chivos criollos Lucho le respondió fue que se presentaron Alfonso Cotes y Andrés Becerra y me obligaron a matar el chivo, pero yo le estoy guardando el cuero, para que se lo mande a Bogotá a Rafael Villazón para que se arrope con él. 

Medardo Celedón, era una figura importante de Villanueva (Guajira). En alguna ocasión se fue a vivir a Santa Marta y allí puso una pensión, donde llegaban todos los provincianos en busca de empleo. 

Cualquier día de la vida se apareció Lucho Pimienta y José Pumarejo, llevaron un solo baúl para la ropa de los dos y permanecieron en la pensión durante tres meses. En vista de que no encontraron trabajo y no tenían con qué pagarle lo que le debían, aprovecharon que Medardo salió para el mercado y se escaparon; con tan mala suerte que esté se devolvió y sé dió cuenta y les dijo: Para donde van? Ellos le respondieron, es que no tenemos con qué pagarte y nos vamos, ya tenían el baúl dentro de un carro de mula. Espérenme que yo también me voy porque ustedes me ha quebrao.  

Narra Andrés Becerra, que cuando pertenecíamos al viejo Departamento del Magdalena, el gobierno Departamental enviaba los auxilios para obras públicas a la colecturía de Hacienda de los municipios. En alguna ocasión, enviaron a la Paz una partida para el arreglo del camino de Manaure. 

El Colector Municipal, era Don Manuel Moscotes, un hombre estricto en el control de los dineros del gobierno. En la población de Manaure se constituyó una junta administradora para el manejo de la partida, conformada por: Lucho Pimienta, Alfonso Cotes y Chema Aponte. Esta trilogía de folcloristas se repartieron el auxilio y a cada recaudo lo bautizaron con el nombre del chupo.

Cuando iban a iniciar los trabajos, fueron a la Colecturía y le pidieron el primer chupo a Don Manuel, esté se los entregó, recibieron el dinero y no comenzaron la obra. A la semana siguiente, volvieron por otro chupo, el colector malicioso porque ya sabía que no habían hecho nada, les dijo: nada mas queda un chupo y esa plata es para poner el denuncio por el dinero que ustedes se han comío en parrandas y francachelas. Comenta el maestro Toño Salas, que en muchas parrandas realizadas en Villa Nueva (Guajira), con Alfonso Murgas, Lucho Pimienta, Álvaro Orozco, Francisco Calderón, Andrés Becerra, Alfonso Cotes, Toño Dávila, Juan Félix Daza, después de permanecer durante varios días tocando el acordeón, Lucho que se destacaba por su viveza, empezaba a recolectar plata en  un sombrero supuestamente para el conjunto, él se guardaba la mitad de lo recolectado y le entregaba a Toño lo que quedaba. Cuando terminaba la fiesta, lo traían hasta el ramal de la Jagua del Pilar y Alfonso Murgas en una ocasión le regaló 25 pesos para que comprara un burro y no se fuera de a pie para El Plan.  

En la década del año 60, durante la época de bonanza algodonera, Alfonso Cotes y Lucho Pimienta sembraron algodón en compañía, el cultivo se lo comió la plaga. Perdieron hasta el modo de caminar; los gastos se los repartieron, cada uno le quedó debiendo a la Empresa de fumigación Helicol, $250 (doscientos cincuenta pesos). Los dieron por perdidos porque jamás fueron pagados. Dejaron recomendado un cachaco para que les cobrara, esté todos los sábados venía a San Diego, a cobrarle a Alfonso Cotes y él se le escondía. El carro tenía un pito seco que hacia Fan……. y salía una muchachita de la casa que tenían entrenada para decir el señor Alfonso no se encuentra, no sabemos cuándo regrese. Así pasaron los días, ya le conocían el pito al carro.

Rafael Escalona, compró una camioneta y el pito da la casualidad que era igualito al del carro de Helicol, un fin de semana salimos a buscar a Cotes y al llegar a la casa, la camioneta pitó dos veces Fan ….. Fan….., Cotes creyendo que era el cachaco, corrió y se escondió, quedó la hamaca meciéndose y las chancletas no le dio tiempo de ponérselas, al entrar a la casa nos dimos cuenta de esto y le gritamos no es el cachaco, somos nosotros, el salió de su escondite y exclamó: Maldito cachaco, ojalá pudiera matarlo pa’ quitame esa pena de encima, el Negro Calde que andaba con nosotros, le dijo: tome Cotes, páguele los $ 250,00 al cachaco, Antonio Brahin que nos acompañaba repuntó: Yo se los guardo, porque al verse con esa plata se la come en paletas y no paga ni un solo peso. 

Alfonso Cotes, poseía una capacidad intelectual a toda prueba, como tal quería escribir un libro, gracias a su formación y estructura académica tenía madera para hacerlo, el único problema que lo atormentaba era la capacidad económica. Sabas Socarras Dangond buen amigo de él, le dijo un día a Lucho Pimienta, oiga compadre usted que conoce bien a Cotes, aconséjele que antes de ponerse a escribir, que le pague todos los vales que le debe a María Fernández, porque si no lo hace no se podrá concentrar en la escritura del libro. Transcurrido el paso del tiempo, este deseo quedó insatisfecho los vales nunca fueron pagados.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s