ALFONSO MURGAS MUÑOZ, UN HOMBRE BUENO

BECERRA-COTES

EL CUENTO PROVINCIANO

Hace más de 85 años, que el pueblo de Diego Pata, se llenó de alegrías, cuando en el hogar de don Carlos Murgas Puche y su señora doña Mariana Muñoz, llegó su último hijo al que bautizaron con el nombre de Alfonso, quien gozó de su primer bostezo y de la amistad de infinidad de personas en todos los pueblos de Valledupar y Riohacha.

Fue con su hermano Carlos, los preferidos de su papá, quien tuvo grandes esperanzas en ellos, y no era para menos.   Don Carlos y doña Mariana fueron el matrimonio más empujador de las provincias.   El se dedicó a la tala de las selvas alrededor del río Majiriaimo, donde sacó grandes cosechas de maíz y semillas de pasto para vender y en los corrales engordaba infinidad de cerdos, que compraba en Codazzi y el vecindario.

A la vez que de uno en uno fue comprando los destetes de ganaderos incipientes, que vendían sus terneros a don Carlos por la admiración y aprecio a un hombre trabajador y bondadoso, nacido como ellos en el pueblo de Diego Pata, donde se casó con doña Mariana Muñoz, de las mejores familias del lugar, quien lo acompañó siempre y lo ayudó en el negocio de la manteca de cerdo y no era raro encontrar un gran caldero, donde se fritaban los cintos de infinidad de cerdos, que se engordaban en los patios de la propia casa.

Don Carlos y doña Mariana, criaron muy bien a sus hijos, igual que a sus tres hijas, quienes hicieron parte del mundo social más importante de Valledupar y Barranquilla.

Alfonso fue enviado muy joven en compañía de amigos, entre ellos don Andrés Becerra a estudiar a Bogotá con los Salesianos, donde Alfonso hizo muy buenas amistades, que lo fueron toda la vida.  Aunque en los estudios no fue muy aventajado, aprendió con los cachacos el trabajo duro y las buenas costumbres, donde la amistad primaba sobre las demás virtudes, su regreso de las vacaciones de fin de año, conmocionaba a la juventud, donde en las colitas Alfonso Murgas y Andrés Becerra, enseñaban la alegría de las nuevas canciones y del baile ágil de los del interior.

Así fueron pasando los años, muy felices, tanto para él como para su hermano Luis Carlos (Lucho Murgas), eran admitidos en todos los grandes clubes del país, donde los vallenatos de su generación apenas llegaban a las puertas de los mismos, porque de allí no los dejaban pasar.

Alfonso seguidor de las buenas costumbres cachacas, fue un gran caballista y a él no le dolía invertir millones de pesos, para conseguir un caballo de fina estampa, que jineteaba con gran maestría.

Cuando llegó la fiebre del algodón, fue de los primeros en invertir en ese cultivo, donde ganó mucho dinero, dinero que se acabó por el permanente afán de servirles a los demás, como fiador en los bancos, obligaciones de sus aprovechados familiares y amigos que no cancelaban y le tocaba a Alfonso como fiador pagarlas.

Relativamente Alfonso se casó muy joven con una niña de origen alemán Emilia Rieder, con quien tuvo un hijo y María Paulina Murgas Rieder, Princesa de Belleza en Cartagena y Reina Nacional del Café.   Hombre mujeriego, tuvo el afecto de muchas mujeres, por ser simpático y agradable con la cartera repleta.  Fue el preferido de muchas damas, siendo una de ellas mi comadre María Namen y muchas más.   Finalmente terminó su vida con una mujer extraordinaria, que fue mi comadre Martha Calle, nativa de Urumita, uno de cuyos hijos Carlos es mi ahijado y espero que Dios lo mire con buenos ojos.

Alfonso, además de algodonero, fue dueño de una hermosa hacienda ganadera, donde producía muy buenos vacunos, también caballos, yeguas y muy buenas mulas, que vendía a negociantes del interior.

Parrandero interminable, fue muy amigo de Alfonso Cotes, Rafael Escalona, Andrés Becerra, Toño Dávila, Emiliano Zuleta, Leandro Díaz, y muchos más, de los cuales aún los vivos lo recuerdan con emoción y muchas lágrimas de cariño.

Parrandeó en El Plan, Manaure, Urumita, Villanueva y Codazzi en fin, donde hubiera una parranda ahí estaba Alfonso Murgas, pagando el ron.

Por afecto a él, lo nombré primer alcalde del recién creado municipio de Manaure, como aprecio a sus bondades de pertenecer al partido conservador, grupo que no lo distinguió como lo merecía, porque fue gran amigo de infinidad de jefes y músicos pertenecientes al gran partido liberal, que si lo querían y hoy lamentan su muerte y ruegan a Dios le abra las puertas del cielo.

Es doloroso que un hombre tan trabajador como Alfonso Murgas, dueño de grandes haciendas en Codazzi, propietario de corrales llenos de vacas lecheras, caballos, cerdos y gallinas, terminara en la mayor pobreza, tanto que fue enterrado en Bogotá, por no tener dinero con que trasladarlo a Valledupar o ser enterrado en San Diego, la tierra de sus afectos, por ausencia de su familia y de sus numerosos amigos, que vieron su muerte  con indiferencia.

Abrazo de condolencia a todos sus ahijados, que son muchos, pero especialmente a su ahijado Jairo Becerra, a quien vi llorando por la muerte de su padrino.

 PEPE CASTRO

 

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3 pensamientos en “ALFONSO MURGAS MUÑOZ, UN HOMBRE BUENO

  1. Y QUIEN TE DIJO QUE LO DICHO EN ESTE ARTÍCULO ES FALSO, ESTO LO CONOCE TODA LA PROVINCIA VALLENATA
    Y FUE VIVIDO POR ANDRES BECERRA, ALFONSO COTES, PEPE CASTRO Y MUCHISIMOS AMIGOS MAS, AQUÍ NADA FUE INVENTADO, SON COSAS REALES.

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