EL HOMBRE VALEROSO

Aún en la década de 1930, a partir de las seis de la tarde, no se atrevía ningún ciudadano a transitar frente al cementerio Central de Valledupar. Era el terror a los difuntos que impedia ese transito y común que el que lo hiciera, viera visiones de personas ya desaparecidas. Estos fenómenos que ocurrieron, cuando no existia  la luz eléctrica, que acabo con los fantasmas en los pueblos.  Sigue leyendo 

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