PACTO DE SANGRE

Cuenta la leyenda que allá por los años veinte, existía un caserío llamado Sabanas de Uniaimo donde reinaba la paz y la tranquilidad, pero ésta se viò quebrantada al instalarse en ella una familia procedente de lejanas tierras, la cual venía huyendo del espíritu del maligno.

Un buen día se apareció a la puerta de la casa de don Pepe un jinete con polainas y con espuelas, montado en brioso corcel que con andar galopero levantaba las piedras que encontraba en su camino. El pueblo se alborotó a la entrada de este caballero, porque empezó a soplar un huracán de polvo con remolinos violentos envolvieron a Manuel, hijo mayor de don Pepe, que se perdió en el espacio como arte de magia.

Don Pepe aterrorizado estaba pidiendo clemencia a gritos llenos, cuando se apeó el jinete que abriéndose paso entre la multitud, le comunicó a la gente que se fueran a sus casa que él negociaría sólo con don Pepe. Acto seguido volvió a reinar la calma en el caserío y los árboles recobraron su quietud habitual; sólo quedó un perro aullando con sus ojos desorbitados y un reguero de cabras que espantadas balaban a diestra y siniestra.

El jinete se identificó como “don Sata” y dijo procedía del lado abajo, expresión que nadie comprendió pero tampoco se le dio crédito. Cuando este señor habló, mostró la dentadura toda forrada de oro y le salió un aliento a azufre que saturó todo el ambiente. Don Pepe no salía de su estupor; con palabras entrecortadas le ordenó seguir a la pequeña sala con piso de barro y alrededor de la cual habían seis asientos forrados en cuero de chivo. Solicitó a Cándida su mujer que trajera un tinto a don Sata, pero ésta intentó por tres veces cruzar el umbral de la puerta de la cocina y acto seguido se le derramaba el café y la totuma rodaba por el suelo.

Empezaron la conversación y el espíritu maligno comunicó a Pepe Alcorìa la decisión de quedarse con Mañe, su hijo, al cual venía persiguiendo desde el vientre de su madre. Cuando Micifù soltó esta expresión, comprendió el viejo todas las pesadillas que cándida había sufrido durante los nueve meses de preñez que la llevaron casi a la locura total.

La primera visión sufrida por Cándida ocurrió el día de todos los santos cuando caía un fuerte aguacero; ella sentía que en el patio de la casa que habitaban relinchaba un caballo y al pensar que este animal no tenía por qué estar por allí, pero haciendo memoria que las cercas eran de palo, se dijo: este animal debe haber roto las cercas y me va a dañar el pequeño jardín que tantos sudores me ha costado, porque como no disponían de agua para regar las matas, se levantaba a las 4 de la mañana para traerla de el río que pasaba a un kilómetro y esto lo hacían en muchos viajes con una tinaja colocada entre una almohadilla que llevaba en su cabeza. Cuál no sería su asombro al querer comprobar los hechos y notar que sus ojos veían un monstruo dotado de dos cabezas con figura de caballo sólo de tres patas y un par de alas como si fueran de ángel; esta primera impresión le desencadenó un vómito con escalofríos que la redujo a cama durante una semana. Su marido no le dio crédito a lo que su mujer dijo haber visto. Siguió el tiempo su ritmo interminable  y ya las huellas de lo que fue sólo un susto, se habían casi borrado; pero una noche despertó sobresaltada por un ruido que de un rincón salía, sintió una carcajada que la estremeció toda, al levantarse tomó una lamparita de petróleo que alumbraba su rancho y vio que una gallina rodeada de varios polluelos corrían de un lado a otro, y trató de tomar en sus manos a uno de los polluelos pero cayó desmayada al sentir de nuevo en sus espalda la brutal carcajada. ¡Pepe! Gritó desaforada, es que no te das cuenta de lo que está sucediendo? – pero si no veo nada, le contestó y se vino a donde ella estaba encontrándola tirada en el suelo con convulsiones. Salió corriendo a buscar un cepillo para frotarle los pies y cuando hubo recobrado el conocimiento le preparó una bebida de toronjil con hojas de naranjo para calmar sus nervios; en esta oportunidad tampoco le dio crédito a lo que su mujer dijo haber visto y escuchado, pero ella estaba en lo cierto y lo pudo comprobar dos meses después cuando apareció delante de ella una pelota de candela que lanzaba llamaradas y se dejaba escuchar voces que le decían: “ Cándida, el fruto de tu vientre no crecerá si tu marido no entra en negociación conmigo”. Esto motivó a la familia Alcaria Zarria a dejar el pueblo donde habían nacido y a viajar veinte días con sus noches a lomo de mula para ver si era posible deshacerse del espíritu que los perseguía.

Pasaron cinco años después de estas penalidades y ellos consideraron haber derrotado a Satanás, pero éste solo  dejaba que Manual se espigara. El niño jugaba con una pelota de trapo el día de este acontecimiento cuando se sintió envuelto por un remolino que lo hizo desaparecer.

Ahora para recuperar a Mañe, su padre debía firmar un pacto de sangre consistente en abrir las venas de su antebrazo para estampar su firma en un documento que lo comprometía a entregar cada año el alma de un hombre joven del pueblo; este moriría en forma accidental y a cambio de esto el capital de los Alcaría se vería aumentado día a día y reinaría la paz en las Sabanas de Uniaimo. Cada vez que entregara al elegido, don Pepe debía sacrificar un carnero y enterrarlo con la cabeza mirando al lado opuesto por donde el sol saliera y la hiel del animal debía extraerse y enterrarse en el patio de la casa a las doce de la noche.

Después de cerrado el contrato, el pueblo se sumió en una oscuridad total, empezó nuevamente el silbar de los vientos, los perros aullaban, las cabras balaban y el grito de Mañe surcaba los aires; cuando amaneció nadie pudo explicar lo que sucedió porque parece que se perdió la noción del tiempo, los rostros de lo moradores se envejecieron, los cabellos de los jóvenes se encanecieron y en el lugar donde existía la casa de don Pepe sólo quedaron cenizas envueltas en barro colorado.

Con el correr de los años entra el pacto en vigencia y el día jueves santo a las doces de la noche en punto, se oye el granizado de una lechuza y todo el que se ha arriesgado a quitarle la vida a este animal que trae mal augurio, a los pocos días muere en forma accidental.

Álvaro Becerra Murgas

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Un pensamiento en “PACTO DE SANGRE

  1. Apreciado Alvaro, me agrada mucho este relato, pues su esencia es oralidad pura a pesar de estar escrito. Que bueno rescatar nuestra tradiciones a traves de la escitura.

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