Las Rameras se Embejucan

CUENTO. El día de calor y sofocación infernal, que las prostitutas del barrio de La Curba de Codazzi, Cesar, se levantaron en huelga general, contra el Poder Municipal.

Franciso Becerra

 Después de una reposada siesta, en su paradisíaca hamaca, en la Hacienda Mal Kun, Municipio de Chiriguaná, Cesar; Arthur Milis, Ingeniero Agrónomo, Especializado en Algodón de Exportación, Capataz en la opulenta Propiedad; mirando fijamente las Avionetas de Fumigación, con perturbadora y sombría intranquilidad, frente al extenso cultivo de algodón de más de quinientas hectáreas, acompañado de sus trabajadores, habitantes del Sur del Cesar y otras geografías del Caribe colombiano; expresó en voz alta y honrada: “en poco tiempo, los hombres de Codazzi y de toda esta comarca, resultarán impotentes, estériles, infecundos sexuales; y, ni con ayuda de horquillas, ni estimulantes, conseguirán la erección, potencia y firmeza del pene.

No podrán hacer el amor a las ardientes y tiernas mujeres de ésta comarca, que también serán afectadas por los tóxicos venenosos, hormonal y psicológicamente. Vendrán tiempos de muchas malformaciones congénitas y cultivos de cáncer tumorales y de piel; aparecerán enfermedades venéreas dolorosas de todo tipo. Los insecticidas, tóxicos y venenos contaminarán las aguas subterráneas que ustedes beben y que manipulamos en la fumigación para la erradicación del gusano y plagas. Son narcóticos y venenos muy fuertes que degeneran los cromosomas humanos, devastadores y catastróficos como las plagas tropicales que dañan el algodón, actoras de terribles deterioros en la biología del ser humano, horrorosos y catastróficos a la naturaleza”-. En menos de lo que canta un gallo; los cosecheros, recolectores y agricultores de algodón, lo informaron en el Centro de Acopio de toda esa vasta, fértil y rica región, que era Codazzi. Se supo en el Banco Ganadero, en el mercado de matalotaje surtido por Maicao, en los círculos sociales y de politiqueros corruptos; en la población flotante trabajadora, en épocas de cosecha, que representaba un desplazamiento de fuerza de trabajo social y familiar, arrollador y entusiasta; pero, especialmente; en donde más se vivía del producido de esa gigante fuerza laboral campesina: EN LAS CASAS DE CITAS DE CODAZZI. En donde el ambiente diario era de bailoteo entre prostitutas y envilecidos del bajo mundo, de gozo aparente y carnavalesco, de fiesta, bullicio; erotismo mundano anal y clítoris en pública subasta, al servicio de comerciantes del sexo.

Historias de miseria humana, de tragedias irracionalmente amorosas como consecuencia de la violencia social y política, de recuerdos sobre familias enteras asesinadas, de propiedades despojadas, de suicidios abominables por hambre, frustración y desempleo, etc.; eran escoltadas con música Vallenata de Alfredo Gutiérrez, Calixto Ochoa; Alejandro Durán, etc., con tangos arrabaleros y rancheras despechadas. Un verdadero lupanar y mancebía en aquellos irrepetibles años setentas — ochentas en Codazzi, el municipio más rico de Colombia, en épocas de bonanza algodonera.- José, el Supervisor de cultivos en la hacienda referenciada, era cabrón de Amelia, una Médica de Pamplona, que terminó en ese ambiente de alcoholismo, contrabando y drogadicción por desilusión y baja autoestima, debido a que le asesinaron —, con corte de franela -, a su esposo y a sus tres hijos, en la pequeña parcela donde Vivian y; a su vez, ella, era amante de cosecha, de un militante del Ejercito de Liberación Nacional, que la enseñó a pelear y defender a su gremio de románticas proletarias del amor, al punto de organizarlas como líder y ponerlas a protestar ante el Alcalde Municipal. Pero José, en intimidad con ella, tergiversó el mensaje de los tóxicos del algodón, por analfabetismo. Le informó, que “en adelante los recolectores del algodón quedarían sin yerga o pene y con sus tamacas o testículos, no se alcanzaría ni a hacer un guiso de plátano vede. Que ella y sus amigas, no tendrían trabajo sexual en adelante, pues el cáncer se las comería a todas y los penes que quedaran bienhechores, sólo servirían para mear si no había taponamiento por prostatitis; que los hombres y clientes sobrevivientes al carcinoma y blenorragias, serían inhábiles y estériles. Amelia se encolerizó, indujo y sacó de sus camas a todas sus amigas y multitudinariamente, marcharon protestando a gritos y con fotografías de Carlos Marx en sus manos, al Despacho del Señor Alcalde; a quien conocían muchísimo y se habían gozado con sentimientos de naufragio y engaño, pues como politiquero y carnalmente, era puro Bla — Bla- Bla; creyéndolo energiquísimo y cínico para el amor; al punto de curarle un chancro sifilítico adquirido en su despacho a media noche, con una que arrió banderas con él, en campaña, y que hizo pasar como familiar, cuando en verdad era una de ellas. Todo esto se supo en las Calles de Codazzi, aposentos y convites, y; al llegar a la Alcaldía, se le metieron al Despacho sin autorización, amenazantes con zapatos descosidos de labriegos del algodón, en manos; con cuchillos, macanas; barriles de cervezas y aguardientes; perreros, aullidos y bramidos al puto de la alcaldía que les había subido las tarifas y las engañaba a toda hora haciéndose pasar por muy macho, cuando lo observaron con la canoa mojada, una noche que consumió marihuana con unos amigos en una de sus alcobas; etc. Cuando llegó la policía que también era muy conocida por ellas, le pidieron que hablara con el Gobernador y el Presidente de la República, para que suspendieran las fumigaciones, por que ellas no podían quedar sin clientela ni bollo fogoso.

Hace siete años, cuando estuve por última vez en Codazzi, haciendo un Curso sobre Gerencia y Liderazgo Empresarial, conocí a Amelia, ya rehabilitada, profesional y culturalmente. Se trabajaron tantas variables y temáticas sociológicas, en tres días, en APROCODA —: Asociación de Profesionales de Codazzi -; que en una de ellas, cuando hice referencia a esta década de tanta bonanza, turbulencia social y riqueza; Amelia, no pudo contener el llanto y al terminar el Curso, ella; frente a un grupo de amigas, me dijo saliendo del auditorio: “Doctor, usted no se puede ir de aquí, sin escuchar la historia de mi vida, por que esta vieja, arrugada, indigna y desarticulada mujer, ha sufrido mucho y alguien debe escribirlo, para que el mundo lo conozca” Tiempo después supe que el cáncer evidentemente, había consumido a esta señora trabajadora, heroína y digna de la supervivencia sociopolítica; que nace en la miseria y desventura humana de nuestros deshumanizados días, estremecidos por la misma violencia que nos sepulta y destruye.

 FRANCISCO BECERRA M.

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